Julián y el cuaderno nocturno
Julián se dormía pensando en pendientes y despertaba cansado. Adoptó un cierre de diez minutos: tres aciertos, una lección, un ajuste, y dejó el móvil en el salón. En dos semanas, su latencia de sueño bajó, y comenzó a entrenar temprano sin sentir neblina mental. El cuaderno no resolvió todo, pero ordenó su mente lo suficiente para encadenar días buenos con mayor frecuencia.